Cuando tiemble de frío y mi cuerpo se quiebre como el hielo, a pedacitos helados, cogeré el barco de vuelta. Volveré en silencio, volveré para quedarme, me sentaré en la misma silla rota de la habitación del fondo y agacharé la cabeza para escuchar lo que el suelo quiera contarme. Seguro que me sorprende con algo. Las pisadas de la gente dejan huella y hablan por sí solas. Hay un barco amarrado en el puerto esperando para zarpar a ninguna parte. Es el destino ideal: sin billete, sin pasaporte, sin expectativas... En la soledad de mi viaje soltaré el destino al aire, que la brisa se lo lleve y cruce el cielo con las gaviotas, y vuele tan alto hasta fundirse con las partículas chispeantes que los ojos no alcanzan a ver. El futuro es incierto, pero sé que volveré. Volveré a mi tierra, al país de los sueños, de los ángeles y demonios, al lugar del que, tal vez, nunca debí partir. Pero ahora me voy a pasar frío a otra parte. Alguien dijo una vez: si amas algo, déjalo ir; si vuelve, es tuyo, si no, nunca lo fue. Hay un barco esperando para llevarme a ninguna parte, pero sé que volveré, y me encontrarás distinta, y te veré distinto, y si alguna vez fui tuya, y si alguna vez fuiste mío, nuestra huella se mantendrá imborrable en el suelo de la habitación del fondo. Deséame un feliz viaje, cariño mío.Yo, Meritxell, soy una mujer en estado puro. La idea de escribir en un blog nace con el objetivo de dar rienda suelta a mis ideas y pensamientos, y con el claro propósito de no ofender a nadie. Si alguien llegara a sentirse molesto con algo de lo que escribo pido disculpas por anticipado. Esto es literatura y la creatividad tiene unos márgenes ilimitados.
martes, 25 de agosto de 2015
RUMBO A NINGUNA PARTE
Cuando tiemble de frío y mi cuerpo se quiebre como el hielo, a pedacitos helados, cogeré el barco de vuelta. Volveré en silencio, volveré para quedarme, me sentaré en la misma silla rota de la habitación del fondo y agacharé la cabeza para escuchar lo que el suelo quiera contarme. Seguro que me sorprende con algo. Las pisadas de la gente dejan huella y hablan por sí solas. Hay un barco amarrado en el puerto esperando para zarpar a ninguna parte. Es el destino ideal: sin billete, sin pasaporte, sin expectativas... En la soledad de mi viaje soltaré el destino al aire, que la brisa se lo lleve y cruce el cielo con las gaviotas, y vuele tan alto hasta fundirse con las partículas chispeantes que los ojos no alcanzan a ver. El futuro es incierto, pero sé que volveré. Volveré a mi tierra, al país de los sueños, de los ángeles y demonios, al lugar del que, tal vez, nunca debí partir. Pero ahora me voy a pasar frío a otra parte. Alguien dijo una vez: si amas algo, déjalo ir; si vuelve, es tuyo, si no, nunca lo fue. Hay un barco esperando para llevarme a ninguna parte, pero sé que volveré, y me encontrarás distinta, y te veré distinto, y si alguna vez fui tuya, y si alguna vez fuiste mío, nuestra huella se mantendrá imborrable en el suelo de la habitación del fondo. Deséame un feliz viaje, cariño mío.
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