Ayer fue un día agradable.
Quedé para comer con un amigo y charlamos sobre cuestiones muy interesantes. Intentamos arreglar el mundo y, pese a que no conseguimos ordenar todo lo que nos inquietaba, llegamos a una conclusión convincente: arreglémonos en primer lugar nosotros y olvidémonos del resto. Cuando tú estás bien todo está en orden, ya que la percepción cambia notablemente. Si uno está feliz apenas percibe los problemas. Es la mejor fórmula para andar por el mundo sin que las malas ondas te alcancen.
La cuestión es que los factores externos son los que condicionan nuestro estado de ánimo, con lo cual disociar es ardua tarea. Sólo las personas pragmáticas y racionales pueden hacerlo, por norma general. Las que somos sensibles tenemos serias dificultades para sobrevivir sin dejar que lo ajeno nos afecte. Un claro ejemplo es la situación de crisis que estamos viviendo actualmente. Al parado le preocupa el desempleo, al enfermo la salud y al enamorado el objeto de su amor. Sin distinción, a cada uno le preocupa lo suyo y un poco de lo de los demás. La vida es esto, y como sólo tenemos una hay que vivirla de la mejor manera.
Conversamos sobre muchas cosas, pero el tema estrella fue el AMOR. Cómo no... siempre acabamos hablando de los mismo porque los seres humanos nos movemos por sentimientos, sean del tipo que sean. Yo no soy partidaria de filosofar sobre este asunto, pero reconozco que me es útil para conocerme mejor en este aspecto. Hablamos sobre el orgullo, los celos y las diferencias en la pareja. Los celos no son otra cosa que el resultado de la propia inseguridad y el reflejo de nuestro comportamiento más instintivo. Es decir, si tú crees que tu pareja te es infiel cuando no hay datos objetivos que demuestren que así sea es por dos motivos fundamentalmente:
- Porque tú potencionalmente lo eres.
- Porque tienes la autoestima por los suelos.
Es entonces cuando se corre el peligro de que tus sospechas y tus miedos se hagan realidad, ya que tu actitud y comportamiento ha alejado a la otra persona de tu lado.
Como mi amigo está pasando por una etapa de celotipia fuera de toda lógica, le propuse un juego. A simple vista parece una chorrada, un juego de niños, pero que en un momento dado funciona, al menos te impide reaccionar impulsivamente.
Saqué del bolso una pequeña libreta y le di un bolígrafo. Le sugerí que anotara en una lista las cosas positivas que le aportaba su pareja y al lado otra con las cosas negativas. Como era de esperar, la lista de cosas positivas superó con diferencia a la de las negativas, que no eran reales, sino que provenían de su imaginación. Respiró aliviado y reconoció que tenía que cambiar de actitud si no quería perder a su pareja.
Cuando se está enamorado todo es confuso. Es difícil hacer funcionar la cabeza, pero hay que esforzarse y bajar de las nubes durante unos minutos al día. Sin embargo, reconozco que a mí me ha pasado. He aprendido a controlarme porque a medida que voy madurando contemplo las cosas y siento de manera diferente. Y eso no significa que mi amor sea menos auténtico, sino que es más generoso porque permito que la otra persona decida si quiere estar conmigo o no. Cuando siento algo especial por alguien procuro no atosigarle, no le exijo ni le comprometo. Pero contemplo, analizo y sopeso. Si me gusta alguien de verdad y llego a la conclusión de que él no siente lo mismo por mí me voy. No es un acto de orgullo ni de celos, sino de generosidad.
Yo, Meritxell, soy una mujer en estado puro. La idea de escribir en un blog nace con el objetivo de dar rienda suelta a mis ideas y pensamientos, y con el claro propósito de no ofender a nadie. Si alguien llegara a sentirse molesto con algo de lo que escribo pido disculpas por anticipado. Esto es literatura y la creatividad tiene unos márgenes ilimitados.
domingo, 28 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
ABORTAR ES ASESINAR
Después de ver unas imágenes durísimas de abortos me voy a dormir súper triste. No entiendo cómo hay personas que están a favor del aborto alegando razones como el derecho de igualdad y argumentos contradictorios sin fundamento. Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad se estremecería al ver las imágenes del siguiente vídeo. Pero miran hacia otro lado, no les interesa cambiar de opinión porque los tiempos no inducen a ello. Ahora la moda se impone a la ética y ser progre equivale a no tener sentimientos ni escrúpulos. No es necesario tener creencias religiosas para posicionarse en contra del aborto, es una cuestión de humanidad, de sensibilidad y de moral. El egoísmo y la crueldad no se pueden justificar de ninguna de las maneras, máxime cuando existen en el mercado gran variedad de métodos anticonceptivos para no tener que llegar al extremo de acabar con una vida humana.
viernes, 19 de marzo de 2010
UNA COCACOLA DE BOTELLA, EN VASO DE TUBO, CON UN HIELO Y UN LIMÓN
Y me quedo tan ancha. Porque la cocacola no se sirve de cualquier manera.
No señor, a los que nos gusta disfrutar de este refresco tan común y a la vez singular -si no tengo mal entendido antes de comercializarse como bebida se creó como jarabe- no se nos puede presentar de cualquier forma. No es lo mismo en un vaso de tubo que en un vaso convencional, no tiene el mismo sabor si es con un hielo que si es con más, y si le falta el limón le falta la gracia. Parece una manía pero no lo es. Los cocacolainómanos somos muy especiales para esto. Yo cuando estoy en casa me la sirvo hasta con una aceituna pinchada en un palillo.
El otro día, mientras desayunaba en una cafetería en el Paseo de la Bonanova se acercó una chica a la barra y le pidió al camarero una cocacola como Dios manda. Hasta ese momento pensaba que yo era la única persona en el mundo que pedía la cocacola en vaso de tubo, con un hielo y un trocito de limón. Me sorprendió y me hizo gracia. La chica era un poco pija, bueno... bastante pija. Eso me dio que pensar: ¿seré yo una pija? Luego llegué a la conclusión de que no iban por ahí los tiros. Una cosa es ser pija (o gilipollas, que para el caso es lo mismo) y otra muy diferente tener clase y personalidad propia. Los pijos son todos iguales, piensan lo mismo, hablan de lo mismo y siguen la moda. Las personas con clase no siguen patrones de conducta, son como son, auténticas y fieles a sus principios. Ésa es la gente que me gusta.
No señor, a los que nos gusta disfrutar de este refresco tan común y a la vez singular -si no tengo mal entendido antes de comercializarse como bebida se creó como jarabe- no se nos puede presentar de cualquier forma. No es lo mismo en un vaso de tubo que en un vaso convencional, no tiene el mismo sabor si es con un hielo que si es con más, y si le falta el limón le falta la gracia. Parece una manía pero no lo es. Los cocacolainómanos somos muy especiales para esto. Yo cuando estoy en casa me la sirvo hasta con una aceituna pinchada en un palillo.
El otro día, mientras desayunaba en una cafetería en el Paseo de la Bonanova se acercó una chica a la barra y le pidió al camarero una cocacola como Dios manda. Hasta ese momento pensaba que yo era la única persona en el mundo que pedía la cocacola en vaso de tubo, con un hielo y un trocito de limón. Me sorprendió y me hizo gracia. La chica era un poco pija, bueno... bastante pija. Eso me dio que pensar: ¿seré yo una pija? Luego llegué a la conclusión de que no iban por ahí los tiros. Una cosa es ser pija (o gilipollas, que para el caso es lo mismo) y otra muy diferente tener clase y personalidad propia. Los pijos son todos iguales, piensan lo mismo, hablan de lo mismo y siguen la moda. Las personas con clase no siguen patrones de conducta, son como son, auténticas y fieles a sus principios. Ésa es la gente que me gusta.
sábado, 6 de marzo de 2010
UN MOMENTO ROMÁNTICO
Uno de esos... de los que llegan, desaparecen por un tiempo, luego regresan y, si son verdaderos, se quedan para siempre. Los momentos, sean del tipo que sean, viajan en la maleta del tiempo. Hay que tener cuidado de no perderla.
sábado, 27 de febrero de 2010
VICIOS ANCESTRALES
Recomiendo un libro que he leído esta noche de un tirón: Vicios ancestrales.
Aconsejo su lectura a todos los apasionados de la literatura divertida.
La historia comienza el día en que un magnate inglés decide dar rienda suelta a su retorcida maldad para dirigirla nada menos que contra sus propios parientes y socios de la multinacional que él preside. Para ello utilizará los servicios de quien en teoría es su principal enemigo, un profesor universitario de ideología izquierdista y notable ingenuidad para las cosas de la vida, a quien encarga la redacción de una historia de su familia. Pero si el arranque ya es disparatado, el desarrollo será la locura. La silla de ruedas automática con la que se desplaza el viejo Lord Petrefact adquirirá vida propia; el catedrático se sentirá estimulado eróticamente por una subnormal que adorna su cocina con fotos de hombres musculosos; alguien cometerá un crimen involuntario y todos los indicios señalarán a un inocente. Y esto no es más que un breve resumen de la serie de dislates que se suceden en esta historia de venganzas maquiavélicas y pasiones reprimidas, de confusiones y tropiezos, caídas y desastres, en la que Tom Sharpe demuestra encontrarse en plena forma, tan capaz como siempre de tejer la trama más descabellada y conducirla hasta el más rocambolesco final.
..." Por un lado, esa sexualidad se expresaba a base de ciertos sentimientos delicados y cierta devoción distante, inspirados los unos y la otra por algunas mujeres que ya estaban casadas y que ni se fijaban en él. Por otro, tenía unas manifestaciones más siniestras: una auténtica erupción de fantasías e irreprimibles ensoñaciones diurnas en las que se veía haciendo cosas, y dejándose hacer otras, tan notablemente sensuales que luego sentía terribles culpas y hasta sospechaba que quizá fuese un perverso. En pocas palabras, Walden Yapp tenía treinta años, pero en los asuntos sexuales era como si todavía estuviese en la pubertad.
Como antídoto contra estas fantasías incontrolables trabajaba más que nunca y, cuando la tensión era insoportable, cedía a lo que él llamaba el vicio onanista, de acuerdo con la terminología que le habían enseñado. Por suerte, como miembro del seminario que trataba de la Discriminación sexual en la Industria Algodonera, 1780-1850, había leído algunas cosas de R.D. Laing, y fue para él muy tranquilizador comprobar allí que, según este eminente psicólogo, la masturbación podía ser para algunos individuos el acto más honesto del que eran capaces. Aunque lo cierto es que no quedó convencido del todo. El individualismo entraba en conflicto con sus opiniones colectivistas, y a pesar de ciertos malabarismos semánticos de Doris, quien afirmó que en la masturbación se podían combinar las dos tendencias, Yapp estaba seguro de que para la plenitud humana eran necesarias las relaciones interpersonales, preferiblemente llevadas a cabo en plan comunitario. Sus instintos eran, sin embargo, de otra opinión, y seguían empeñados en emerger hasta su conciencia con sus solitarias y desconcertantes erupciones.
Y así, tendido en la cama, y libre de la presencia real de las abundantes carnes de Mrs. Coppett, que tanto le habían asustado, su imaginación transformó a Rosie en la apasionada criatura de sus fantasías. De hecho, Mrs. Coppett se parecía muchísimo a su amante imaginaria, sobre todo por su falta de inteligencia. Yapp estaba perplejo ante esta particularidad de sus sueños. Si bien adoraba desde lejos a ciertas mujeres inteligentes y de gran moralidad, su lujuria despertaba más bien ante la imagen de mujeres maduras y desprovistas de intelecto. Mrs. Coppett encajaba perfectamente en este modelo. Yapp imaginó que estaba acostado con ella, que le besaba sus enormes pechos, que los labios de ella se apretaban contra los suyos y que la lengua de Mrs. Coppett...
Yapp se sentó en la cama y encendió la luz. No podía ser. Debía poner freno a estos sueños irracionales. Buscó a tientas la carpeta que contenía la correspondencia familiar que Lord Petrefact le había enviado, e intentó con ella exorcizar aquellas imágenes, pero Mrs. Rosie Coppett, como si fuese un maravilloso súcubo, no desapareció. Al final Yapp lo dejó correr, apagó la luz y trató de actuar con toda la honestidad posible. Pero de nuevo se encontró con un problema. La cama crujía tan rítmicamente que le impedía concentrarse en lo que estaba haciendo sin sentirse turbado, y también acabó dejándolo estar. Hasta que por fin cayó en un sueño agitado, y a la mañana siguiente despertó con la sensación de que le ocurriría algo extraño"...
Aconsejo su lectura a todos los apasionados de la literatura divertida.
La historia comienza el día en que un magnate inglés decide dar rienda suelta a su retorcida maldad para dirigirla nada menos que contra sus propios parientes y socios de la multinacional que él preside. Para ello utilizará los servicios de quien en teoría es su principal enemigo, un profesor universitario de ideología izquierdista y notable ingenuidad para las cosas de la vida, a quien encarga la redacción de una historia de su familia. Pero si el arranque ya es disparatado, el desarrollo será la locura. La silla de ruedas automática con la que se desplaza el viejo Lord Petrefact adquirirá vida propia; el catedrático se sentirá estimulado eróticamente por una subnormal que adorna su cocina con fotos de hombres musculosos; alguien cometerá un crimen involuntario y todos los indicios señalarán a un inocente. Y esto no es más que un breve resumen de la serie de dislates que se suceden en esta historia de venganzas maquiavélicas y pasiones reprimidas, de confusiones y tropiezos, caídas y desastres, en la que Tom Sharpe demuestra encontrarse en plena forma, tan capaz como siempre de tejer la trama más descabellada y conducirla hasta el más rocambolesco final.
..." Por un lado, esa sexualidad se expresaba a base de ciertos sentimientos delicados y cierta devoción distante, inspirados los unos y la otra por algunas mujeres que ya estaban casadas y que ni se fijaban en él. Por otro, tenía unas manifestaciones más siniestras: una auténtica erupción de fantasías e irreprimibles ensoñaciones diurnas en las que se veía haciendo cosas, y dejándose hacer otras, tan notablemente sensuales que luego sentía terribles culpas y hasta sospechaba que quizá fuese un perverso. En pocas palabras, Walden Yapp tenía treinta años, pero en los asuntos sexuales era como si todavía estuviese en la pubertad.
Como antídoto contra estas fantasías incontrolables trabajaba más que nunca y, cuando la tensión era insoportable, cedía a lo que él llamaba el vicio onanista, de acuerdo con la terminología que le habían enseñado. Por suerte, como miembro del seminario que trataba de la Discriminación sexual en la Industria Algodonera, 1780-1850, había leído algunas cosas de R.D. Laing, y fue para él muy tranquilizador comprobar allí que, según este eminente psicólogo, la masturbación podía ser para algunos individuos el acto más honesto del que eran capaces. Aunque lo cierto es que no quedó convencido del todo. El individualismo entraba en conflicto con sus opiniones colectivistas, y a pesar de ciertos malabarismos semánticos de Doris, quien afirmó que en la masturbación se podían combinar las dos tendencias, Yapp estaba seguro de que para la plenitud humana eran necesarias las relaciones interpersonales, preferiblemente llevadas a cabo en plan comunitario. Sus instintos eran, sin embargo, de otra opinión, y seguían empeñados en emerger hasta su conciencia con sus solitarias y desconcertantes erupciones.
Y así, tendido en la cama, y libre de la presencia real de las abundantes carnes de Mrs. Coppett, que tanto le habían asustado, su imaginación transformó a Rosie en la apasionada criatura de sus fantasías. De hecho, Mrs. Coppett se parecía muchísimo a su amante imaginaria, sobre todo por su falta de inteligencia. Yapp estaba perplejo ante esta particularidad de sus sueños. Si bien adoraba desde lejos a ciertas mujeres inteligentes y de gran moralidad, su lujuria despertaba más bien ante la imagen de mujeres maduras y desprovistas de intelecto. Mrs. Coppett encajaba perfectamente en este modelo. Yapp imaginó que estaba acostado con ella, que le besaba sus enormes pechos, que los labios de ella se apretaban contra los suyos y que la lengua de Mrs. Coppett...
Yapp se sentó en la cama y encendió la luz. No podía ser. Debía poner freno a estos sueños irracionales. Buscó a tientas la carpeta que contenía la correspondencia familiar que Lord Petrefact le había enviado, e intentó con ella exorcizar aquellas imágenes, pero Mrs. Rosie Coppett, como si fuese un maravilloso súcubo, no desapareció. Al final Yapp lo dejó correr, apagó la luz y trató de actuar con toda la honestidad posible. Pero de nuevo se encontró con un problema. La cama crujía tan rítmicamente que le impedía concentrarse en lo que estaba haciendo sin sentirse turbado, y también acabó dejándolo estar. Hasta que por fin cayó en un sueño agitado, y a la mañana siguiente despertó con la sensación de que le ocurriría algo extraño"...
lunes, 15 de febrero de 2010
ANDY GIBB, OTRO GRANDE
Si tuviera que describir mi vida con canciones ésta sería una de ellas.
Cada vez que la escucho se me hace un nudo en la garganta. Por nada en particular, sólo porque me emociona, de modo que ha estado presente, está y lo seguirá estando siempre. La música es cómplice, amiga o enemiga, depende del momento.
Enciendo un cigarro, reflexiono unos segundos, quién me ha visto y quién me ve...
Me levanto, bebo un vaso de agua, sabe a pasta dentrífica porque me acabo de lavar los dientes, deslizo la yema de mis dedos por el contorno de mis ojos, suavemente, la crema nutritiva sigue en su sitio. Me siento de nuevo, me pongo las gafas, leo lo que he escrito y decido que es publicable. La canción me envuelve y me duermo con ella. Me está entrando sueño, ya acaba, la dejo aquí y me voy a la cama.
Cada vez que la escucho se me hace un nudo en la garganta. Por nada en particular, sólo porque me emociona, de modo que ha estado presente, está y lo seguirá estando siempre. La música es cómplice, amiga o enemiga, depende del momento.
Enciendo un cigarro, reflexiono unos segundos, quién me ha visto y quién me ve...
Me levanto, bebo un vaso de agua, sabe a pasta dentrífica porque me acabo de lavar los dientes, deslizo la yema de mis dedos por el contorno de mis ojos, suavemente, la crema nutritiva sigue en su sitio. Me siento de nuevo, me pongo las gafas, leo lo que he escrito y decido que es publicable. La canción me envuelve y me duermo con ella. Me está entrando sueño, ya acaba, la dejo aquí y me voy a la cama.
NOCHE DE MÚSICA
Será porque el viernes por la noche estuve de fiesta, bailando hasta las cuatro de la madrugada, que todavía llevo el ritmo en el cuerpo. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien, aunque mis pies no opinan del mismo modo.
Me llevaron a un sitio donde sonaba música de los ochenta y la gente te saludaba como si te conocieran de toda la vida. Como era carnaval había que ir disfrazado. Improvisé un traje el día de antes. Fui de gata, pero parecía un putón. Medias tupidas de color negro, top del mismo color, un rabo que me salía de la parte trasera y unas orejas hechas de cartulina. Me pinté los ojos más negros que de costumbre, unos bigotes y los labios de color rojo. Rojísimos. Como soy bajita, no me quedó más remedio que ponerme unos zapatos de tacón.
El resultado: una gata dispuesta a cazar ratones. Al menos ésa es la sensación que daba porque algún que otro gracioso me susurró al oído: ¿quieres que sea tu ratoncito? Pero la gata no se comió ningún roedor. El plan era otro.
Esta canción de los Eagles es una de mis favoritas. Tuve la suerte de asistir al último concierto que ofrecieron en Barcelona. Realmente espectacular. Inolvidable.
Durante algunos años Timothy B Schmit (el de la melena) fue mi amor platónico. Y eso que a mí me gustan los calvos, pero en aquel entonces me daba morbo. Tiene pinta de ser tierno y salvaje a la vez, de los que te hacen el amor con pasión y delicadeza al mismo tiempo... A estas alturas puedo expresarme libremente y hablar de estos temas con total naturalidad, pienso. Nadie se asustará de que una mujer sienta deseo y tenga una fantasía sexual. Pues mi fantasía era pasar una noche de lujuria y pasión con él. Como es obvio, no fue posible. Aunque si me hubiera conocido, porque en el concierto había mucha gente -todo hay que decirlo-, seguro que habría caído rendido a mis pies. Me habría puesto el traje para la ocasión, el de gata. Ése y el que hubiera hecho falta.
Espero que vuelvan pronto a Barcelona porque no faltaré a la cita. Si estoy sin compromiso salto al escenario, pero si tengo pareja los saltos me los reservo para la intimidad. Fidelidad ante todo.
Me llevaron a un sitio donde sonaba música de los ochenta y la gente te saludaba como si te conocieran de toda la vida. Como era carnaval había que ir disfrazado. Improvisé un traje el día de antes. Fui de gata, pero parecía un putón. Medias tupidas de color negro, top del mismo color, un rabo que me salía de la parte trasera y unas orejas hechas de cartulina. Me pinté los ojos más negros que de costumbre, unos bigotes y los labios de color rojo. Rojísimos. Como soy bajita, no me quedó más remedio que ponerme unos zapatos de tacón.
El resultado: una gata dispuesta a cazar ratones. Al menos ésa es la sensación que daba porque algún que otro gracioso me susurró al oído: ¿quieres que sea tu ratoncito? Pero la gata no se comió ningún roedor. El plan era otro.
Esta canción de los Eagles es una de mis favoritas. Tuve la suerte de asistir al último concierto que ofrecieron en Barcelona. Realmente espectacular. Inolvidable.
Durante algunos años Timothy B Schmit (el de la melena) fue mi amor platónico. Y eso que a mí me gustan los calvos, pero en aquel entonces me daba morbo. Tiene pinta de ser tierno y salvaje a la vez, de los que te hacen el amor con pasión y delicadeza al mismo tiempo... A estas alturas puedo expresarme libremente y hablar de estos temas con total naturalidad, pienso. Nadie se asustará de que una mujer sienta deseo y tenga una fantasía sexual. Pues mi fantasía era pasar una noche de lujuria y pasión con él. Como es obvio, no fue posible. Aunque si me hubiera conocido, porque en el concierto había mucha gente -todo hay que decirlo-, seguro que habría caído rendido a mis pies. Me habría puesto el traje para la ocasión, el de gata. Ése y el que hubiera hecho falta.
Espero que vuelvan pronto a Barcelona porque no faltaré a la cita. Si estoy sin compromiso salto al escenario, pero si tengo pareja los saltos me los reservo para la intimidad. Fidelidad ante todo.
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