sábado, 19 de mayo de 2012

ONE, TWO, THREE AND YOU

Uno, dos, tres, y paro de contar. Se me corta la respiración (it takes my breath away). Me acerco y me alejo como una ola en el mar agitado. Se avecina tormenta y el agua está gris. Huele a sal y petróleo, ¿dónde estás? Escavo con mis pies la arena rebelde y no te veo. Estoy sola (I am alone). La brisa despeina mi cabello y me habla. Creo que dice cosas feas, no estoy segura porque no entiendo su idioma, pero está chillando. ¿Qué sucede? (what happens?). Uno, dos, tres; vuelvo a empezar. Estoy contando los minutos que tardo en encontrarte. Vuelvo mis ojos hacia la puerta azul (the blue door), y mis pies siguen pedaleando en la arena escurridiza. Ahora parece que empiezo a verte. Uno, dos, tres, cuatro (four). Aquí me quedo. La puerta azul se cierra hasta entonces. Me gusta tu olor. Me gusta tu color. Me gusta tu discreción. Me gustas cuando abres la puerta y me abrazas.  I want to make love to you.

domingo, 8 de abril de 2012

LA MUJER ACTUAL

Como es habitual, termino el domingo planchando y organizando la ropa en los armarios. Reconozco que me gusta planchar, en realidad me gusta la ropa muy bien planchada, y no todo el mundo lo sabe hacer bien. Mi abuela fue mi gran maestra. Tú estudia -me decía-, pero ante todo aprende a ser una buena ama de casa. Debo darle las gracias, pues no hay cosa que más me desagrade que ver a una mujer que no sepa plancharle las camisas a su marido o prepararle un buen cocido. Puede parecer una postura machista, lo admito, un poco lo soy, pero ante todo me considero femenina, y serlo incluye hacer las cosas que una buena mujer haría. Perfumarse y ponerse bonita está muy bien, pero si además sabes cocinar, planchar y limpiar está mucho mejor. No soporto a esas pijas redomadas que no saben fregar un váter, porque hasta para eso hay que tener gracia. Planchar me distrae, es uno de mis momentos de relax. Disfruto deslizando la plancha sobre la ropa y poniendo la raya en el sitio adecuado mientras el olor del vapor me envuelve. Mi abuela me enseñó que las camisas, aunque cuando las compramos llevan la raya marcada, no deben plancharse con raya. Lo fácil es hacérsela, pero para que esté bien planchada hay que dejar la manga lisa, sin ninguna marca. Me horroriza ver a hombres vestidos con traje y chaqueta con las camisas mal planchadas. Ahora somos demasiado modernos, los hombres cocinan y planchan más que las mujeres, que sacuden la ropa como si estuvieran matando moscas, y así, tal cual, se la colocan. Los tiempos han cambiado demasiado, y los hombres ya no colaboran, sino que hacen absolutamente todo. Una mujer no debería pensar en casarse y tener hijos si no está preparada para llevar una casa. Hay que tener gracia para todo; para trabajar fuera y dentro del hogar, y para eso se necesita una gran inteligencia y feminidad. ¿Nos conviene ser tan modernos? Ésa es la cuestión.

miércoles, 21 de marzo de 2012

MILLONARIO NO, GRACIAS

Me horroriza comprobar el materialismo de las personas, ese afán por tener lo más caro porque, de ese modo, se valoran más a sí mismas. Últimamente he llegado a la conclusión de que las personas materialistas, que priorizan el lujo por encima de otras cosas, son personas con fuertes carencias afectivas. Cuando no conoces el amor en toda su amplitud buscas suplir ese vacío con cosas tangibles y valiosas. Desconozco si hay alguna teoría al respecto, pero he llegado a esta reflexión de un modo muy simple, la recibí como una inspiración. Si todas estas personas que se preocupan por tener el coche más caro, la casa más cara, ropa de marca, etc. se preocuparan más por enriquecer su interior y desarrollar su parte afectiva-emocional otro gallo cantaría. Me preocupa seriamente la escala de valores que hay en el mundo, las diferencias tan marcadas entre clases sociales porque es lo que realmente nos separa y aísla. ¿Cuántas personas se soportan por interés? Más de las que imaginamos. Eso es antinatural, lo correcto es poder elegir libremente con quién quieres estar, quiénes quieres que sean tus amigos, tu pareja, qué quieres hacer, sin que ningún grupo social condicione tu felicidad. Los años pasan muy deprisa, y pasan para todos. Usemos la inteligencia, no sea que al final de nuestra vida echemos en falta algo.

miércoles, 25 de enero de 2012

P-U-T-A (-S)

Puta es una palabra hermosa, la puta realidad que despierta a los muertos.

Salen de sus tumbas con las vísceras colgando y los huesos rotos, babeando culebras que se convierten en la columna vertebral de un puto día que asiste a su funeral. El silencio es una palabra aterradora, el puto silencio es más llevadero. Panteones mohínos que dejaron de ver el sol y que comen lenguas, putas lenguas que mal hablaron en bocas de putas de barrio que destrozaron realidades de convento.

Puta es una palabra hermosa, igual de hermoso que tu silencio aterrador, que empieza a ser llevadero. Los muertos se levantan y te anclan a tu puta realidad, melancólico y solitario cementerio de huesos rotos.





















jueves, 15 de diciembre de 2011

EL EMBRUJO DE LA NOCHE

No sé qué tiene la noche que me embruja. Aunque esté cansada podría pasarme la noche en vela escribiendo, leyendo o, simplemente, rememorando viejos tiempos. Y si hay luna llena, mejor que mejor. Entonces, me asomo por la ventana y la hago mi cómplice. Reconozco que soy ave nocturna, el sol no va conmigo. Prefiero ver las estrellas y disfrutar de un buen paisaje nocturno, donde la imaginación es la protagonista de la noche y los fantasmas del pasado pasean sus cadenas haciendo un ruido estrepitoso. Hace mucho tiempo que dejaron de darme miedo, en cierta manera también les he hecho mis cómplices y les he cogido tanto cariño que podría afirmar que les quiero. Me gusta charlar con ellos, contarles mis cosas, y aunque no contesten sé que desde algún lugar me están oyendo. Algunos son benévolos y enjugan mis lágrimas, me ofrecen su hombro para llorar y también me hacen reír. Los fantasmas sólo son malos en las películas, en nuestra imaginación pueden ser tiernos, afectuosos, comprensivos, los mejores amigos, en definitiva. Y así es como yo los contemplo. A estas horas de la madrugada exprimo mi cerebro y digo todo cuanto pienso y siento sin sentir vergüenza. Con el sol hay cosas que no puedo decir, es como si me estuviera vigilando tan de cerca que me quemara todo menos el sentido del ridículo. Está claro que las estrellas, en mi caso, son la mejor alternativa, y los fantasmas, ruidosas sombras que visten de blanco y se llevan lo peor de mi alma.

lunes, 5 de diciembre de 2011

FIEL A MÍ MISMA

Hoy publiqué en mi facebook una de tantas frases que se me ocurren a lo largo del día y que, además, tienen sentido. Y tienen sentido porque creo firmemente en lo que digo. Tal vez debería recoger todos estos pensamientos y darles formato de libro, pero lo dejaré para más adelante, cuando piense menos y disponga de más tiempo. La frase decía así: "La integridad es una virtud que engloba muchas cosas. Ser íntegro consiste, también, en cumplir tu palabra cuando la has dado. Si eso falla, falla el resto, porque detrás de una promesa incumplida está el miedo, los prejuicios y la falta de valor. Se necesitan personas íntegras para cambiar el mundo." Escribí esto porque, ahora que faltan pocos días para que termine el año, me pongo más mística que de costumbre. Es algo innato en mí, la sensibilidad de las personas no puede dominarse. No, no se llega a dominar jamás. Controlamos nuestros actos, reprimiéndolos, por ejemplo, pero no los sentimientos. Bien, pues como iba diciendo, en pleno momento de éxtasis místico, otro pensamiento cruzó por mi mente, estrellándose contra mi primer pensamiento. No fue exactamente un pensamiento, sino un recuerdo, otra de las cosas que no podemos controlar. No llamamos a los recuerdos, pero permanecen en nosotros como criaturas del demonio o seres angelicales, eso depende de la clase de sentimiento que nos produzca cuando salen de su escondite secreto. El caso es que ahora que acaba este año -y parece que fue ayer cuando escribí, también en el blog, mi despedida al 2010- puedo decir que tengo más conciencia del término integridad. No voy a describir lo que significa este concepto, está en todas partes, sólo hay que leer, observar, analizar, sopesar... y para cada persona la palabra integridad tendrá un sentido diferente, en función de sus necesidades y experiencias. Ahora irrumpe en mi mente otro pensamiento que no puedo controlar, llega sin avisar y no se detiene... 2010, 2011, 2012... Qué rápido pasan los años, ¿he conseguido todo lo que me propuse? ¿Qué ha sido lo más especial en este último año? Mi mente se queda en blanco. Dejémosla reposar, seguro que mañana se me ocurren un montón de buenas ideas. Y aunque sea un poco anticipado, feliz año nuevo a todos los que llegáis de un modo u otro a mi blog. Seguiremos en contacto.






domingo, 23 de octubre de 2011

BENDITA INOCENCIA

Utilizo mi blog para escribir lo que pasa por mi mente. No son cosas importantes, ni grandes escritos. Eso lo dejo para otro momento y sitio. Mi blog me sirve para decir lo primero que me pasa por la cabeza, aunque a veces no tenga sentido. Me funciona. Siento que vivimos en un mundo tan comedido, con tantos prejuicios y miedos, que hablar o escribir sobre cosas triviales, que no le importan a nadie, que no despiertan interés, es un privilegio para uno mismo. Claro que para mí mis cosas tienen un interés infinito, pero sólo para mí. Si luego alguien lee lo que escribo, miel sobre hojuelas. Que saque sus conclusiones, o simplemente que se entretenga.
Ayer pasé una buena tarde en el hospital. Hay un niño con quien tengo un feeling especial. De hecho, no debería ser así, pues todos los niños son iguales y no es bueno encariñarse en exceso por lo que pudiera pasar. Pero lo que pudiera pasar no me lo planteo ni por asomo. Estábamos pintando y de repente se puso muy serio y exclamó:


- Hay una cosa que no me queda muy clara y me gustaría saber...


- A ver... dime... -le sugerí.


Y entonces lo soltó de golpe.


-¿ La cuca tiene que estar hacia arriba o hacia abajo?


¡Madre mía! No estoy acostumbrada a ese tipo de preguntas, así que me entró la risa e intenté disuadirle con el primer argumento que me pasó por la cabeza:


- Eso se lo tendrías que preguntar a un chico, yo no tengo cuca...


- Es que cuando tengo pipí me crece y se sube, pero no siempre, así que no sé cuál es la posición normal -insitió.


- Bueno -le contesté viendo su grado de preocupación- hay momentos en los que la tendrás hacia arriba y otros hacia abajo, depende de las circunstancias, pero eso ya lo sabrás cuando seas mayor.


Creo que mi respuesta no le convenció, pero no insistió más. Un alivio para mí, aunque debo reconocer que su curiosidad me hizo reír.


Y es que los niños son grandes por eso, por su naturalidad y valentía en todos los aspectos. Les importa un cuerno lo que los demás piensen, están descubriendo el mundo y lo hacen a su manera. Bendita inocencia.